Decrecimiento y florecimiento, o seguir igual y perecer en el trayecto

 

Si realmente deseamos un porvenir digno y floreciente para las generaciones futuras no queda mas que decrecer eliminando de tajo nuestra cultura consumista
 

Álvaro de Regil Castilla

E
n lo que va de siglo, en el sector que ya tiene plena consciencia de la crisis planetaria, se ha llamado, cada vez con mayor frecuencia, al ciudadano común a mirar de manera urgente a la necesidad de reducir drásticamente nuestro consumo. Llamamos a cortar el consumo de energías fósiles, a abandonarlas y reemplazarlas por energías renovables, a eliminar nuestros hábitos consumistas, a cuidar de la naturaleza, a todo nuestro planeta, a Gaia, pero no hemos logrado trascender el imaginario ciudadano para tomar consciencia de que o cortamos nuestro consumo o enfrentaremos un enorme riesgo existencial. Esto es porque el capital se ha encargado sistemáticamente de impedirlo, enajenándonos de nuestra esencia. Este no solo nos aliena en el trabajo humano y en las relaciones sociales, de nuestro sentido de identidad con la comunidad a la que pertenecemos y de la naturaleza de la que nuestra especie forma parte, sino impidiendo que se hable del impacto del sistema capitalista sobre nuestro planeta, nuestro hogar. En efecto, el capitalismo nos aliena de nuestra esencia, acosando a diario a las sociedades con su discurso prometeico de que la tecnología puede con todo y de que la felicidad está en tener —y no enser— y, por tanto, hay que esforzarse para poder poseer y consumir.

El hecho es que la enorme mayoría de los estudios publicados por la comunidad científica han sonado la alarma consistentemente en lo que va del siglo, que, de no cambiar urgentemente la trayectoria insostenible que seguimos actualmente bajo el capitalismo, enfrentaremos catástrofes planetarias. No solo del cambio climático, el más visible, sino de otros ocho procesos planetarios esenciales que brindan las condiciones necesarias para el florecimiento de la vida y su sostenimiento. De no hacerlo, enfrentaremos tan pronto como en 2040 múltiples catástrofes que redundarán en quizás millones, si no millardos de muertes humanas en las décadas posteriores. Así mismo, estamos bien encaminados en materializar la sexta extinción masiva de las especies y la probable extinción de la vida en el planeta tal como la conocen quienes logren sobrevivir. Esto constituye el colapso civilizatorio y el enorme riesgo existencial. Un colapso que, irónicamente, precisamente la pregonada civilización, eminentemente la occidental, es su precursora directa por su naturaleza capitalista, belicista, colonialista y racista, cuyo emblema es sin duda Estados Unidos.

Este ensayo se basa en el paradigma geocrático que vengo desarrollando desde 2020, que propone reorganizarnos para cuidar a nuestro planeta porque, para cuidar de nosotros, es necesario anteponer las necesidades del planeta a las nuestras. La última versión recién publicada de Geocracia se encuentra aquí.

Este ensayo en particular, se enfoca en demostrar que es perfectamente posible revertir la trayectoria distópica que seguimos y que esto se lleva a cabo aplicando la lógica del mercado, ejerciendo nuestro poder de consumo. Primero, se argumenta que es claramente posible reducir en gran medida las reacciones de nuestro planeta a la crisis en que el capitaloceno lo ha metido después de haber gozado del equilibrio necesario del que se disfrutó a lo largo del periodo del holoceno. Esto se logra cambiando nuestro sistema de vida, mediante un cambio cultural, decreciendo nuestro consumo de recursos a estilos que nos permitan disfrutar plenamente de la vida al tiempo que cuidamos del planeta, manteniéndonos dentro de los límites planetarios necesarios para su estabilidad, viviendo mucho mejor consumiendo menos de todo. En Geocracia, el decrecimiento es una consecuencia del cambio cultural y no un modelo ni un fin en sí mismo. El fin es salvarnos salvando nuestro planeta al reemplazar el capitalismo. Segundo, hay una manera clara de convencer a la mayoría necesaria para materializar dicho cambio, reemplazando la trayectoria distópica que estamos siguiendo inconscientemente mediante el subterfugio de la cultura del consumismo. Esta sucede siguiendo la lógica del mercado, adoptando una nueva cultura de consumo sostenible dirigida a satisfacer nuestras necesidades reales y universales y desechando todo lo que el mercado nos inculca que debemos consumir, aunque sea absolutamente innecesario y dañino para la gente y el planeta. En efecto, la lógica del mercado es la única que incide significativamente en la toma de decisiones de los gobiernos, porque al adoptar la nueva cultura de consumo geocrático, el golpe al sistema es directo, obligando a los gobiernos a cambiar el grueso de sus políticas económicas, sociales y ambientales en beneficio de la gente y el planeta y en detrimento de capital. Además, independientemente del ritmo con que los gobiernos reemplacen sus políticas, la gente y el planeta se verán beneficiados a partir de la caída del consumo. Finalmente, aplicando la lógica del mercado, además abre la puerta para organizarnos en comunidades geocráticas rurales y urbanas bajo distintas formas de organización social (nación, provincia, municipio, ciudad, comunidad, aldea…), más allá del concepto de estado-nación que cada vez es más obsoleto.



Pulsa aquí o en la foto para bajar el ensayo completo en
archivo pdf.

 

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